2006/12/31


Brindemos al cruzar la medianoche.
Gocemos del amor en los abrazos.
No debemos llamar trivial derroche
lo gastado en trenzar humanos lazos

Suman doce las uvas de la suerte
y doce campanadas da el reloj.
Racimos y campanas en la noche
son abrazos y besos del amor.

Las uvas de la vida
con el tiempo serán el dulce néctar
de la última alegría,
cuando al fin el espíritu despierta.

Hermosos nacemos,
como nuevas uvas.
Añejos seremos
cual vino en las cubas.

No temamos al ver pasar el tiempo
arruinando los cuerpos poco a poco,
cual las uvas seremos Vino Nuevo
en un cielo que espera venturoso.

¡Qué inocentes son los niños!
¡Qué expertos son los ancianos!
De las uvas, el buen el vino,
es mejor al cumplir años.

De la hermosa lozanía
vamos a la madurez.
Las uvas se harán un día
el néctar de nuestra prez.

El niño mira al futuro.
El anciano mira al cielo.
En el racimo, las uvas,
tienen su destino incierto,
pueden ser uvas de mesa
o sabroso Vino Nuevo.

Nacemos en la tierra, en este mundo,
como flores de bellas primaveras,
y el tiempo nos acerca, vagabundo,
al eterno verdor de las praderas,
brotaremos del cuerpo moribundo
en celestiales horas venideras.

Un año termina ahora.
Un año nuevo comienza.
Toda la vida es hermosa
si vamos hacia la meta
con ilusión en la alforja
y con fe en la Providencia.

El paso de un año a otro
es tiempo de reflexión,
de iluminar los rincones
oscuros de humano error,
de reanudar la vida
a la luz de eterno Sol.



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